Sep 92005

Mientras hacÃa las pruebas para el revelado, y entre los olores amargos y mareantes de los lÃquidos necesarios para tal menester, me quedé absorto al descubrir mi tremenda estupidez congénita. La primera reacción fue sonreir, pero al darme cuenta de lo que habÃa perdido, mi sonrisa se quebró. La ilusión con la que habÃa sacado aquella foto, una puerta de piedra separando el presente del pasado, me dió la impresión de que en cualquier momento podrÃa cruzar el umbral del tiempo, estaba claro para mÃ, en el momento de sacarla, que esa foto era mucho más que una simple piedra y unas vacas mirándome con picardÃa. Lo que habÃa perdido aquella mañana, mientras hacÃa las pruebas de revelado, era la inocencia. La inocencia para crear libremente, la inocencia para luchar por lo que fuera. Y todo por reirme de mà mismo.



