Ago112005

Me encerraron ayer por la noche, justo después de cenar. No tuve tiempo ni de despedirme de mis compañeras. Me subieron por una rampa empinada y resbaladiza, amenazando con pegarme, empujando violentamente, gritando en un idioma aterrador hasta que noté una pared en la oscuridad y no pude avanzar más. En ese momento sentà como se retiraban y cerraban una puerta a su salida, y yo, presa del pánico, estaba inmóvil pero temblando, no pude contener mis necesidades y lo manché todo. La habitación se quedó entonces en silencio y en completa oscuridad... Al rato oà la llamada de mis compañeras histéricas, que preguntaban por mÃ, comencé a gritar y pareció que se tranquilizaban al sentirme tan cerca, entonces callaron de golpe y supe que venÃan a por mà otra vez. La habitación se comenzó a mover y yo deslizaba por el frÃo suelo metálico tratando de mantener el equilibrio, mis propios orines hacÃan que deslizara aún más y me apoyaba en las esquinas. Esto duró unos quince minutos, hasta que la habitación ha dejado de moverse. Han abierto la puerta y por fin he visto la luz del dÃa, un olor pestilente me ha golpeado en la cara al asomarme por la puerta y las mismas voces me han obligado a bajar por la rampa, he saltado sin saber donde caÃa y me he hecho daño. He visto a otras y otros como yo, que no conocÃa, algunos seres extraños con rostros afligidos encerrados en celdas en este frÃo sitio, y por fin me han encerrado a mÃ, en la celda 9bis. Estoy viendo como se llevan uno a uno a mis nuevos compañeros de penurias. Algunos gritan, escupen voces desgarradoras hasta que de pronto todo queda en silencio. SÃ, ahora sé que voy a morir. Deio a 11 de agosto de 2005




