Feb212006

Quiero creer que nada de lo que me atenaza es leve, para asà poder considerarme mejor persona. Por eso a veces tiendo a exagerar todo aquello que me sucede intentando hacer creer a los demás que siempre soy yo a quien le sucede todo lo más, lo mejor, lo peor o lo único... eso no es algo sobre mà que haya conocido desde siempre, de hecho tampoco estoy seguro que sea asÃ, pero mis años conmigo mismo me hacen creerlo. Esto viene a cuento de una situación que marcó mi vida para siempre y de la que muchos de mis conocidos se han reÃdo, empequeñeciendo el verdadero sentido que tuvo para mÃ, probablemente debido a lo que ya he comentado en el párrafo anterior. Pues bien, sin ánimo de resultar en absoluto tremendista ni queriendo sobre valorar el hecho en sÃ, me he visto en la necesidad de escribir esta pequeña historia acaecida (o imaginada) probablemente a causa del calor y otros factores circunstanciales que acaso afecten a la capacidad cognoscitiva de igual manera. De sobra es conocido por todos el efecto sinérgico de ciertos compuestos quÃmicos y los rayos del sol para con la capacidad mental antes mencionada. Pues bien, a pesar de dudar que este último motivo fuera el que realmente me llevara a considerar el hecho tan importante como para contarlo, no está de más tenerlo en cuenta para que a la hora de sacar conclusiones nadie se apresure a tomarme por loco. Bueno, al grano: Llegué, la vi y quedé prendado... No creo que fuera la misma persona que acababa de salir del coche que yo conducÃa, fue un momento en que dejé de verla, tan sólo un par de minutos, suficiente para que el bosque se la tragara y la escupiera de nuevo hacia mà envuelta en vistosos colores y olores más propios de jardines de cuento, su sonrisa y su pose resumÃan la arrogancia de saber que una fuerza superior la amparaba. Su piel reflejaba la luz con más brillos que el agua que acariciaba sus pies, a la vez que murmullaba un coro acompasado al cantar de los pájaros que miraban. Era una diosa. Y no pude sino rendirme... En más de una ocasión he intentado convencer a mis amigos de que la historia es verÃdica, de que no hay nada ni lejanamente parecido en mi vida que me haya hecho sentir asÃ, pero ellos insisten en decir que soy un exagerado, o incluso cosas peores. Lo que hace que me considere aún más afortunado y realmente crea que es a mà a quien le suceden esos hechos increÃbles, únicos y dignos de anhelar. Ahora ya podéis llamarme loco.


