Dic262006
Eran las cinco de la mañana en Melilla...
...y volvÃamos Pablito, Jose, y yo de fiesta sábado sabadete que tenÃamos 18 años máximo...
...y nos encontramos en un cruce de dos vÃas amplias una caja de control de semáforos abierta. Y tenÃa un teclado numérico. Y luces. E interruptores, y una especie de llave o fusible del cual parecÃa que se podÃa tirar...
...y alguien que no tiré se quedó con ese fusible o lo que sea en la mano...
...y de repente todos los semáforos del cruce estaban apagados...
¡Asà que volvimos a meter el fusible o lo que sea en su sitio.
Pero los semáforos seguÃan sin encenderse.
Entonce,s a nuestra espalda se oyó algo parecido a una radio "hablando". Echamos a andar discretamente...
...alguien dijo: "eh, vosotros"...
...seguimos andando hasta llegar a una esquina y empezamos a correr como los cabrones que éramos...
...y no paramos de correr hasta llegar a mitad del barrio de Cabrerizas (ya sé que eso no os dice nada, pero quedáos con que subimos mucha cuesta arriba).
Allà nos quedamos en mitad de un callejón durante lo que a nosotros nos pareció una eternidad: media hora duro arriba duro abajo. Luego bajamos por una de las cuatro rutas posibles que podrÃamos haber utilizado para volver al centro de la ciudad (léase "puto pueblo")...
¡Y nos los encontramos de frente!
¡Malditos bastardos con suerte, de todos los sitios por los que podrÃamos haber seguido nuestro camino! UNo de los maderos, un barrigudo con bigote negro, vacilándonos: ¿creÃamos que nos Ãbamos a escapar?
¡¡Pues sÃ, gordo cabrón, no cogerÃas ni a mi abuela si no fuera por la puta chorra que tienes!!
Esto lo digo ahora porque en su momento me callé por mi propio bien, claro. Pero lo pensé muy alto, seguro que me oyó.
Y ese no es el final de la historia...
...pero mejor me callo el resto.



